
La tragedia nos alimenta día tras día, es el alimento básico de nuestra comedia, es nuestro dios más preciado nuestro motivo para vivir en cavernas y aventarle piedras a los espejos que nos reflejan, siempre hemos vivido de las derrotas y las hemos creído victorias, convertimos en héroes a los caídos y en enemigos a los vencedores, hemos hecho de los dioses importados dioses imperfectos y de identidad confundida.
Vamos por ahí quejándonos de que la tortilla sube de precio, de que los políticos se pelean como viles pandilleros de la colonia Jalisco, del supuesto fraude electoral, de la delincuencia, de la drogadicción, de la corrupción, de que somos pobres, de los productos chinos, cada una de estas heridas nos reconfortan, tenemos un culpable que no somos nosotros mismos.
Al principio yo pensaba que la turba que acudía a dar el grito de independencia era estúpida e ignorante, pero hoy entiendo que además se saben derrotados, saben que la justicia no les ha llegado ni con la guerra de independencia ni con la revolución, han decidido crear una mitomanía alrededor de otra derrota, ¡victoria! Gritaron los criollos, ¡victoria! Gritaron los sedientos de poder, y el indio se quedo sentado y el campesino se quedo esperando… y hoy por hoy celebramos nuestra derrota.
Y pretendemos crear más dioses, si, creemos en el Mesías, creemos que con una sola persona que piense es suficiente, nosotros podemos ser carne de cañón o el brazo levantado que exija poder para nuestro nuevo perdedor, y creamos mas demonios, esos políticos espurios y esos porros bloquea-avenidas, y esos malditos corruptos que nos piden dinero cuando nos pasamos un alto, somos nosotros quien estiramos la mano, somos nosotros los que llevamos nuestro propio ataúd y nos encanta vivir así, en la tragedia constante, en el perenne sufrimiento.
Miedo, tenemos miedo de cambiar, tenemos miedo de cambiar nuestra alimentación, de cambiar nuestras instituciones derrumbadas, miedo de sufrir las consecuencias de nuestra pasividad, miedo de nosotros mismos, pero sentados en el sillón viendo como en la televisión hablan de temas realmente importantes, las vulgares estrellas televisivas, posponemos el cambio para un momento mejor, ¿pero cuando será eso?, eso será cuando dejemos de regocijarnos como puercos en nuestra propia miseria y dejemos de esperar que otros hagan lo nuestro.