jueves 2 de julio de 2009

He Ahí

He ahí el fulgor de la vida
De una grandeza inefable, e
Insultantemente termina en la vida nimia
Sin sentido, cuando todo termina.
Y siempre termina.

He ahí la metamorfosis
Un día dejamos de ser humanos
Y en la bestialidad de la conciencia
Nos acontece el lobo.
Siendo ovejas.

He ahí la intermitente vida
Del azar hacemos el destino, que
Inoportunamente se transmuta
Siendo el hado un gigantesco muro blanco
Y sin puertas.

He aquí la nada
Hemos de construir el día
De perpetrar la noche
De habitar la omnipresente existencia
Al menos en apariencia.